Rockfishing y light jigging

Los resultados deseados

El rockfishing y el light jigging son dos tipos de pesca importadas de Japón, que resultan muy fáciles de practicar y con las que se pueden obtener muy buenos resultados. De ahí, que hayan llegado a ser tan populares. Los japoneses llevan muchísimo tiempo pescando al rockfishing, dada la orografía de las costas del país. Pero en lo de importar aspectos técnicos a los pescadores de aquí, no nos gana nadie y nuestras ansias de probar son muchas. Vivimos en una península con casi 8000 km de costa, rodeados de agua por casi los cuatro costados.

Podemos encontrar mucha información de ambas técnicas en todas partes y, por descontado, en internet con foros dedicados al rockfishing y light jigging, tiendas especializadas con sus secciones específicas, grupos en redes sociales… Si bien hace tres o cuatro años eran prácticamente desconocidas.

La mayoría de pescadores contamos con numeroso material. Para spinning, la mayoría tiene tres o cuatro cañas de varias acciones, lo mismo que para el jigging, además de carretes para ambas, con varias bobinas y líneas.

De modo que ¿por qué adquirir algún equipo nuevo para practicar alguna de estas modalidades? Sencillamente porque vamos a descubrir otro mundo, de verdad. Muchísimos pescadores hemos descubierto la pesca de la mano de alguna de estas modalidades, ya que hemos aprendido a pescar fino y a graduar los carretes y a tener cuidado con las cañas. Hemos observado que es posible pescar al rockfishing con diámetros de línea con los que nunca habrían imaginado ni usado.

En el light jigging se puede obtener un dentón (dentex dentex) de 4 kg o una lecha de 6 kg con una línea del 0,30 mm con una caña que no se dobla, sino que se enrolla hacia abajo y hasta el talón.

La mayor diferencia entre ambas es la ubicación y talla del pescado. Mientras que en el rockfishing se capturan habitualmente especies pequeñas (serranos, obladas, pequeños cabrachos o rascasas), en el light jigging se pueden obtener piezas de tallas considerables.

¿Qué es el rockfishing?

El rockfishing es un tipo de spinning ultraligero de roqueo o entre las rocas y de acciones que van poco más de los 10 g y longitudes de poco más de 2 m, con líneas de diámetros ínfimos por debajo del 0,20 mm y con carretes micro por debajo del tamaño 2500, que se está popularizando, dado que es para todas las edades y bolsillos.

¿Qué es el light jigging?

Es una técnica muy similar a la anterior en cuanto a finura de pesca. Se define como una táctica completamente novedosa, capaz de llevar el jigging a otra dimensión, ya que no tiene nada que ver el jigging de los artificiales de 300 g o más, a fuertes tirones de caña mientras se recoge velozmente y así sucesivamente arriba y abajo sin parar. El light jigging es más técnico, con recogidas lentas, pitching, twitching. Se recoge al tiempo que movemos la caña, a medias vueltas o vueltas enteras y se la da un movimiento sutil y lento al señuelo.

Equipos

Para ambas modalidades se va a contar con equipos ultra ligeros. En el caso del rockfishing son cañas de hasta 10 g aproximadamente, entre 1,95 y 2,25 m con carretes de talla 1000 y 1500, equipados con líneas no superiores al 0,20 mm.

En el caso del light jigging, usaremos cañas con blanks finísimos y de no más de 150 g de longitud hasta 2 m y, normalmente, de una pieza para aprovechar la palanca de un solo tramo. Podremos obtener piezas con esa sensibilidad y tacto que sólo seremos capaces de sentir cunado tengamos este tipo de equipo en nuestras manos.

Por error o costumbre en la Península hemos pecado de pescar “grueso” y con “varas” duras en la mayoría de casos pero gracias a estas modalidades ha habido un cambio de mentalidad por completo. Podemos comprar un equipo de rockfishing entre los 80 y 120 euros y uno de light jigging sobre los 200 euros, algo que en otras técnicas el precio resulta más elevado, como en el jigging o spinning convencional.

Para rockfishing

Como las especies objetivo normalmente están por debajo del medio kilo, los carretes son muy pequeños ya que no necesitamos alojar grandes cantidades de hilo ni diámetros grandes. Estamos hablando de un equipo ultraligero en todos los aspectos, en cuanto al material, líneas y señuelos. Esto no quiere decir que haya equipos de mucha calidad y precios altos, pero aquí difícilmente nos va a costar más de 350-400 euros, muy superior al precio que indicábamos anteriormente. Para empezar es un desembolso importante.

Necesitamos un carrete de tamaño 1000 o 1500, cuyo peso sin línea está entre 180 y 250 g y como máximo el tamaño 2500, que ronda los poco más de 300 g. En las tendencias actuales del mercado hay alguna que otra marca, que consigue dejar un 2500 en cerca de los 200 g.

Una caña de rockfishing está entre 1,90 y 2,30 m de longitud máxima, evidentemente de carbono y a mayor calidad de éste, mayor precio. Lo que sí que hay que distinguir son las punteras que pueden ser de “pelo de ballena” que son las que poseen tramo finísimo de carbono macizo injertado en el tubo o las tubulares de carbono enrollado. Normalmente son de acción de punta para mover los micropesos de los señuelos de esta modalidad, aunque ello no implica que, a medida que bajamos hacia al tercio inferior, es donde tenemos la reserva de potencia.

Respecto a las líneas a emplear, cuanto más finas, mejor. Estamos usando líneas del 0,20 mm, que tienen una resistencia de 5 kilos de media. Normalmente son de nailon aunque los más osados saben cómo frenar el carrete con el dedo al entrar en el agua. Se pueden usar microfilamentos de 0,06 o 0,08 mm, con bajo de nailon pero, en este tipo de pesca, donde los pesos son tan pequeños, las temidas pelucas son muy difíciles de evitar.

Para light jigging

En este tipo de modalidad podemos usar la versión española o la japonesa. La diferencia entre ambas es el tipo de caña y carrete a utilizar. En nuestro país usamos cañas convencionales (con las anillas hacia abajo) y el carrete de bobina fija de tamaños hasta 4500. Los japoneses, por su parte, usan las cañas de baitcasting, con carretes de bobina giratoria de pequeño tamaño y muy ligeros, hasta 300 g, que resultan igualmente potentes con frenos de hasta 10 kilos. Estos carretes llegan a tener ratios de hasta 8.0:1 y recuperaciones de hasta 1.3 m por vuelta. Aquí se usan filamentos también muy finos entre 0.08 mm y 0.20 para los menos experimentados, con un bajo de nailon o fluorocarbono, según preferencia del pescador.

La finura de las cañas nos va a dar sensibilidad ante cualquier roce, toque o tirón y poder controlar en todo momento y de forma precisa, el movimiento de nuestro señuelo. Al igual que las cañas de rockfishing en light jigging también son cortas, entre 1,90 y 2,15 m como máximo, ya que por regla general, son de un único tramo para ganar flexibilidad y palanca para poder levantar el pescado. En cuanto a señuelos se refiere, existen desde bucktails, cucharillas, micro grubs, micro jigs, incluso minúsculos peces, gambas de vinilo o quisquilla. Se trata de ir probando. El mejor señuelo es el que pasa más tiempo en el agua.

 

Especies objetivo

Las capturas más habituales en el rockfishing son: serranos, gobios, vacas, salpas, obladas, mojarrillas o cabrachos… Pero si escogemos una zona de acantilado, o un espigón, las especies evidentemente pueden variar. Entonces podremos obtener jureles, dentones, serviolas y lubinas, que también son piezas objetivo de nuestras jornadas de light jigging.

 

Dónde se puede practicar

El rockfishing se practica en los fondos rocosos de la zona litoral que constituye el área de transición entre los sistemas terrestres y los marinos. Supone una frontera ecológica que se caracteriza por intensos procesos de intercambio de materia y energía. Son ecosistemas muy dinámicos, en constante evolución y cambio. Hay que buscar entre las rocas, en los recovecos y los escondites naturales de este tipo de pescado e intentar hacerlo salir de su escondite para que ataque a nuestros señuelos. El light jigging se practica en fondos hasta los 40-50m de profundidad desde cualquier tipo de embarcación, como los kayaks.

Captura y suelta

Seguramente esto es lo mejor de esta modalidad. Por primera vez, en nuestras costas vemos a gente soltando el pescado, lo que resulta admirable. Aprender a tratar las capturas con ese mimo que hay que tener para hacerlas sufrir lo mínimo en el combate y el desanzuelado para devolverlas vivas al agua después de la foto de rigor. A veces es lo que nos falta, ya que no se trata de llegar a casa con el capazo lleno, sino de disfrutar de las sensaciones de pescar; del ambiente y la pesca. Esperemos que esto se vaya extendiendo a las demás modalidades. Un pescado soltado hoy puede capturarse mayor mañana.