Pintar la obra muerta

Cuestión estética y práctica

Puede que pocos usuarios sepan que pintar la obra muerta del barco, la parte que queda por encima de la línea de flotación, es algo más que una cuestión estética, se trata de una parte importante del sistema de protección de la embarcación.

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Los pescadores solían pintar sus barcos con colores llamativos para, de este modo, ahuyentar la mala suerte y los espíritus. Esta antigua tradición aún perdura en lugares como Malta, el delta del Nilo y Turquía, donde es posible encontrar embarcaciones pintadas con colores vivos y con formas sorprendentes, como ojos a modo de talismán. Lo más usual, sin embargo, ha sido combinar blanco y azul marino, que da un resultado muy elegante y sobrio, con los toques de la madera barnizada. Ésta puede ser una opción, si bien muchas embarcaciones deportivas lucen unos tonos bien llamativos, con cascos en tonalidades turquesas, naranjas, rojas… Es más, para algunas embarcaciones es el armador quien decide todo lo que a su diseño se refiere y, por tanto, también en el color del casco.

En el año 2004, el diseñador de moda Roberto Cavalli decidió aportar una nota de extravagancia a su Baglietto de 41 metros. En concreto, aplicó una pintura especial que cambia de color según la luz del entorno, pasando del verde al violeta. Un ejemplo más en cuanto a diseño y colorido se refiere, lo encontramos en el Technema “Guilty”, como si se tratara de la construcción de un Lego en la que cada ficha es de un color diferente.

Aparte de ciertos casos excéntricos, en los últimos años algunas firmas han otorgado colores vistosos a sus modelos que de lejos ya se identifica la marca: Bertram, Riviera, Hatteras, Cabo, Sessa, Lema… También han puesto una nota de color en el mar y en los puertos Starfisher, Faeton y/o Quer. Y es que aunque años atrás, numerosos armadores no querían ni oír hablar de poner un color, la percepción actual ha cambiado.


Cuestión práctica

El medio marino es muy agresivo. La salinidad, el viento, los rayos UV… afectan gravemente a la embarcación. La pintura es la “piel” de nuestro barco, de modo que trataremos de mantenerla sana para que los elementos no afecten el casco o la estructura.

Las grietas que no se arreglan se hacen más grandes. El óxido si no se sanea, se extiende por el resto de la superficie de la partes metálicas. La madera sin tratar se reseca, se vuelve gris y acaba “quemándose” y estropeándose. Mantendremos en buen estado las superficies pintadas de la obra muerta, evitaremos males mayores y nuestra embarcación siempre tendrá un buen aspecto.

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La madera

Al ser un material orgánico, la madera sufre mucho más que las fibras, las resinas o el acero las inclemencias del mar. Al menos, una vez al año repasaremos las madera que se encuentren en el exterior de la embarcación.

El lijado es primordial y si han aparecido grietas en las maderas deberemos masillarlas con productos adecuados dependiendo del tamaño y profundidad de las fisuras. El acabado de la superficie de la madera puede variar mucho. Desde el aceite de teca y los lasures hasta los barnices de unos o dos componentes. Dependerá del tipo de madera y de la función que realice en el barco.

 

El mejor momento

Los resultados del trabajo también dependen de algunos factores atmosféricos: temperatura, humedad, viento… Así que lo mejor es que no haga ni mucho frío, ni mucho calor porque a temperaturas bajas todas las pinturas se espesan, lo que complica la aplicación y obliga a utilizar disolventes; y a temperaturas muy altas el tiempo de secado puede verse reducido en exceso.

Con respecto a la humedad relativa del aire, ésta no debería sobrepasar el 65%. De este modo, se han de evitar las primeras y últimas horas del día, si existe riesgo de condensación o rocío.

Por último, aunque la ventilación es fundamental para que se evaporen correctamente los disolventes de la pintura, se han de evitar los días ventosos en exceso, en lo que el tiempo de secado también se reduce, y cualquier partícula de polvo y arena puede adherirse a la pintura.

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Consideraciones

-Seguiremos las instrucciones del fabricante en cuanto a medidas, cantidades y modo de empleo.

-Los productos de un componente resultan más fáciles y rápidos de aplicar.

-No se deben aplicar productos de dos componentes encima de productos de un solo.

-Nunca aplicaremos un producto duro encima de uno más blando.

-Siempre que sea posible, hay que proteger el barco recién pintado con un plástico, o en su defecto, mojar la zona para evitar que se levante polvo.

-Quitaremos la cinta antes de que se seque la pintura, para asegurar una línea nítida sin bordes.

-Limpiaremos las herramientas y utensilios correctamente, tras haberlas usado.

Paso a paso de la pintura

1 Organización y material

Si disponemos del tiempo y de la paciencia para pintar nuestro barco, lo haremos del mismo modo que lo haría un profesional. Calcularemos el tiempo que necesitaremos para preparar la superficie, el tiempo que precisaremos para pintar y el intervalo de secado correcto entre capas, según el número de capas que queramos aplicar.

Después de la planificación del trabajo, podemos ponernos manos a la obra. Lo recomendable es empezar por hacer una lista del material que precisaremos y, posteriormente, adquirirlo.

Abrebotes, bandeja o recipiente, brochas, rodillos o pistola, cinta protectora, decapante, desengrasante, disolvente, limpiador, espátula, masilla, mascarilla, papel de lija, pintura suficiente, un instrumento para mezclar, trapos, gafas protectoras y guantes.

 

2 Preparar la superficie

Si al examinar el casco, consideramos que su pintura se encuentra en mal estado, nos veremos obligados a eliminarla. Si nuestro casco es de fibra de vidrio podemos emplear distintos métodos: ligero chorreado abrasivo o lijado mecánico o manual.

Para facilitar el laborioso trabajo de eliminar pinturas manualmente y para evitar el uso de medios mecánicos que, a veces, pueden resultar demasiado agresivos, existe una tercera opción, que es el uso de decapante.

Si optamos por alguno de los métodos mecánicos, previamente se debe desengrasar y limpiar a fondo la superficie. De hecho, si lijamos sin limpiar, la suciedad puede llegar a incrustarse en la superficie y producir problemas de adherencia o bien ocasionar la aparición de burbujas.

Lógicamente, las superficies que no necesitan lijado también deben limpiarse antes de pintar con agua dulce y, si es necesario, con un desengrasante especial. El desengrasado debe efectuarse en un ambiente bien ventilado, utilizando trapos limpios y absorbentes impregnados en desengrasante, cambiando el trapo frecuentemente, con los que eliminaremos, si lo hay, el exceso de desengrasante. Una vez la superficie esté limpia y sin restos de grasa, se dará un último baldeo al casco con agua dulce, y se dejará secar.

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3 Después de limpiar, lijar

El propósito del lijado es eliminar desigualdades y alisar la superficie o eliminar capas de pintura vieja. Esta fase es necesaria si queremos lograr una mejor adherencia de la pintura.

Para eliminar la pintura antigua es preferible el lijado en seco, ya que proporciona una mejor adherencia a la nueva capa de pintura. Este sistema presenta, sin embargo, el inconveniente de levantar polvo.

El lijado en húmedo, por su parte, evita el polvo y es más rápido, ya que al mantenerse húmedo el papel de lija no se gasta tanto. Además, el no tener que cambiarlo tan a menudo supone un ahorro de tiempo.

Recuerde que hay distintos equipos de lijado: lijadora orbital (muy efectiva para la completa eliminación de pintura antigua sobre madera y contrachapado); la lijadora de esponja (que es una buena ayuda, especialmente para lijar las pinturas de fondos), y las lijadoras radiales, que no son muy aconsejables para la mayoría de las superficies. Nos decidamos por una o por otra, siempre resulta preferible utilizar una máquina que disponga de extractor. Asimismo, es fundamental escoger el papel de lija correcto.

Una vez que la superficie ha sido lijada, procederemos a eliminar completamente el polvo mediante una brocha y agua, una máquina aspiradora o una bayeta quita polvo.

4 A pintar

En el momento de ponernos a pintar, podemos optar por distintos métodos de aplicación, con sus pros y sus contras. Escogeremos aquél que, dadas nuestras habilidades, práctica y paciencia, nos permita obtener el mejor resultado.

La brocha resulta apropiada para que la pintura penetre bien en el sustrato, y con una utilización correcta se puede obtener una acabado perfecto.

El rodillo permite trabajar rápidamente, si bien no todos ellos son iguales, ni todas las pinturas los admiten. El acabado más estético se obtiene por medio de un rodillo de pelo corto, de espuma, de terciopelo, o de tipo flocado, y aplicando cada capa con la anterior.

Con un tampón, se puede obtener un acabado casi como el que se logra con una pistola. Basta con aplicar la pintura sobre el tampón con brocha, y manejarlo con destreza. Lo mejor es extender la pintura sobre las superficie con 3-5 pequeños movimientos con el tampón en forma de cruz, en la dirección final de la aplicación. No se debe trabajar con el tampón hacia atrás y hacia adelante, sino solamente moviéndolo en una dirección, suavemente y en un solo sentido.

Aunque su uso no está limitado a los profesionales, la pistola requiere de gran habilidad y práctica, además de protección eficaz contra los disolventes y protección adecuada de las superficies que no deben ser pintadas. Se pinta con este sistema en el exterior, lo ideal es que no haya viento, que se ronden los 15ºC y que se evite la exposición directa al sol de la superficie a pintar.