La vela pierde a uno de sus grandes narradores

El mundo de la vela perdió el pasado 3 de agosto a uno de sus grandes testigos. Carlo Borlenghi falleció a los 70 años, dejando tras de sí más de cuatro décadas dedicadas a fotografiar la competición al más alto nivel. Su cámara acompañó algunas de las páginas más importantes de la historia reciente de este deporte y convirtió sus imágenes en parte de la memoria colectiva de la vela.
Nacido en 1956 en Bellano, a orillas del lago Como, Borlenghi desarrolló desde muy joven una mirada propia, capaz de ir mucho más allá del registro documental de una regata. Durante su extensa trayectoria fue fotógrafo habitual de Prada Luna Rossa y estuvo presente en doce campañas de la Copa América, además de cubrir innumerables grandes regatas y acontecimientos internacionales.
Pero reducir su legado a una lista de competiciones sería quedarse corto. Borlenghi supo interpretar la vela y trasladar a sus imágenes aquello que sucede entre el viento, el mar y las personas. Sus fotografías captaban la velocidad, la tensión, el esfuerzo y también esos instantes fugaces que explican por qué la competición a vela resulta tan difícil de fotografiar.
Él mismo diferenciaba entre conseguir “la fotografía perfecta” y encontrar “la verdadera fotografía”: aquella capaz de encarnar la energía de ese momento. Esa búsqueda terminó convirtiéndose en el rasgo distintivo de su obra.
Durante más de cuarenta años, su trabajo contribuyó a definir la estética contemporánea de la vela. Desde las maniobras más espectaculares hasta los momentos de concentración a bordo, Borlenghi consiguió acercar al espectador a una realidad que normalmente transcurre a gran velocidad y a distancia.
Su archivo es, en buena medida, un recorrido visual por la evolución de la vela de competición. Pero, sobre todo, es el legado de un fotógrafo que entendió que una buena imagen no consiste únicamente en mostrar lo que ocurre, sino en conseguir que quien la contempla pueda sentirlo.
Carlo Borlenghi se va, pero sus fotografías permanecen como testimonio de una época y de una manera irrepetible de mirar el mar.
















