Capturas de los países exóticos

Maldivas

Aunque pescar en el litoral europeo tiene su aliciente, también lo tiene recorrer un buen puñado de kilómetros. Es cierto que en el Adriático, en el Tirreno o en el Mediterráneo oriental las cosas están mejor, lo mismo que en los mares del Norte, pero puede que a veces haga falta la guinda, posiblemente la ponga cualquiera de las especies típicas de las aguas templadas, cristalinas y llenas de vida del Índico, con su poderío físico y con los tamaños que suelen alcanzar.

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                                                  Pescador con atún de aleta amarilla.

Lo mejor que tienen las Maldivas es que están en una zona de privilegio, en el Índico, cerca de dos continentes, y que hay buena comunicación. En segundo lugar, los precios, porque si descontamos las pernoctaciones y comidas en zonas de grandes lujos, las estancias pueden ser bastante más asequibles. Por lo demás, alquilar un barco por cuenta propia tampoco resulta tan caro, sobre todo si es compartido por varios pescadores.

Por otra parte el archipiélago es grande, y sobre todo, seguro. Muchos países quedan descartados precisamente por la enorme inseguridad que se vive y por la inestabilidad política, las refriegas o los escarceos propios de guerrillas por el poder. Dejando a un lado cualquier país que ofrezca dudas, y también los considerados ricos y caros a la hora de preparar unas vacaciones de pesca, tenemos Túnez, Marruecos, Mauritania, Senegal, Guinea-Bissau y Cabo Verde. Podríamos citar Argelia, Libia e incluso Egipto, estos ya bañados por el Mediterráneo. Luego están Madagascar, de precios parecidos porque se está convirtiendo en un importante destino turístico, pero con una pesca excepcional en cuanto al número de especies y al tamaño que consiguen alcanzar. Islas Rodrigues, Mauricio, Reunión, etc, etc.

Marruecos tiene buenas costas y además muy ricas en especies. Deberían conocer y tener la oportunidad de pescar frente a Tarifa, por poner un ejemplo, o junto a los acantilados de Tetuán y Tánger. Senegal, en cambio, se rige más por las mareas y aunque abundan especies como la barracuda e incluso la anjova y los carángidos, son las rayas y varios espáridos, junto con los tiburones, los peces que más dan la cara. Sin descartar muy buenas corvinas, serviolas y palometas.

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                                                            Los GTs imponen su poderío.

Cabo Verde lo tiene todo pero hay que pagarlo, y no es que sea caro ya que ir allí a practicar la pesca apenas requiere más gastos que la estancia y el viaje, que pueden conseguirse en oferta. El idioma tampoco es problema, pues el portugués no tiene muchos secretos. El inconveniente es que se trata de un destino turístico de importancia y los precios están más al día. También hay más tumulto.

Luego tenemos Guinea-Bissau, mi favorito. Quizás el viaje se haga un poco pesado y cueste un poquito más, pero es que le van a llevar hasta un paraíso virgen como el archipiélago de las Bijagos, un lugar considerado como todo un lujo por pescadores de todo el mundo. La única complicación de este destino radica en que sólo es posible llegar hasta aquí en viaje organizado, pues hay mucho trámite que resolver y varios trayectos que cubrir y coordinar. También se habla el portugués. Particularmente no sé qué país elegir, supongo que Madagascar, pero nos acercamos a la primavera y quizás resulte más asequible un viaje por las costas de las Maldivas.

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La comodidad del barco

Desde luego, no es lo mismo moverse por todas partes y pisar suelo firme, que salir en barco a pescar a fondo o a curricán. Cambian las presas y el equipo de pesca, pero las circunstancias son las mismas: hace calor y hay peces por todos lados, pero dejan de picar a la misma hora. Eso sí, la libertad de movimientos y la posibilidad de buscar aguas calmas o zonas de importantes corrientes, o los estrechos entre islas, es mayor, teniendo así la oportunidad de practicar un curricán lento, silencioso, navegando sobre aguas cristalinas y muy quietas, formando un espejo, donde los señuelos de hélices hacen su “agosto” a costa de los carángidos y túnidos, los más fieles a la hora de demostrar su genio, pues durante muchas horas del día son las únicas especies dispuestas a dar la cara. Y no hacen falta más, pues en esos momentos su lucha impone y siempre querrá estar en contacto directo con un pez tan fiero y salvaje.

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                              Los smalltooth Jobfish (Aphareus furca), de las piezas más voraces. 

El fondeo también rinde, pero sinceramente llega un momento en el que todos los peces que salen son de las mismas características y tamaños; pargos, rayas y meros según la naturaleza del fondo, y posiblemente salga algún carángido de medianas proporciones que se ha perdido buscando un banco de pequeñas agujas.

Presas especiales

Estos peces de aguas templadas tienen una fuerza descomunal y son valientes a más no poder. Si nunca ha tenido contactos con ellos, le asombrarán. Desarrollan una fuerza increíble en su defensa, pero vacían todo su poder en la misma picada; tienen que matar y comer rápidos, pues la competencia es grande y no pueden descuidarse.

Cuando el agua es limpia pueden verse manchas de arena inanimadas, pero dejas caer un señuelo y lo mueves un poco y de repente aparecen barracudas, carángidos, túnidos… ¡Increíble! Y cuidado, porque si el meneo es mayor todavía quedan predadores por llegar, esta vez en forma de escualos, que no se pierden un solo detalle.

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                            Los carángidos son los más habituales, sobre todo a los señuelos de superficie.

Luego están los carángidos, los “toros” como yo los llamo desde que conseguí aquellos ejemplares en Cabo San Lucas (México) ¡Qué fuerza tienen! Quedé asombrado al ver cómo dejaban los señuelos, prácticamente inservibles y eso que no tienen dientes. Un ejemplar de 10 kilos doblaba los anzuelos de las poperas hasta cerrarlos, abría las anillas y rompía el señuelo en dos o tres pedazos, que quedaban unidos gracias al armazón interior. La potencia de sus mandíbulas es excepcional y si tuviesen dientes como los sargos o los lutjanus, por ejemplo, serían enemigos peligrosos.

También está la resistencia física. Tienen una fortaleza admirable y sólo se entregan cuando de verdad nos han hecho disfrutar, dejándonos los brazos destrozados. Las carreras y cambios de dirección son interminables, y cuando se ven en peligro dan unos tirones que quitan el hipo.

Pero si se habla de fuerza, no se puede dejar atrás el diabar, quizás el más poderoso de los lutjanus. Este no tiene dientes ¡tiene colmillos!, incisivos y caninos, capaces de cortar, desgarrar y triturar cualquier cosa que entre en su poderosa boca. Además, tienen la misma potencia mandibular que el toro.

La picada de un diabar de cinco kilos a un señuelo lanzado a spinning sorprenderá al pescador, que pensará que ha enrocado, ya que el alto se produce secamente, como si realmente una roca lo hubiese trabado. Si cerca hay rocas ya pueden olvidarse de la captura y casi del señuelo pues su fuerza y coraje llega hasta el punto de que prefiere sacrificarse, y también mutilarse, antes que dejarse coger. Se guarece de tal forma en las rocas que su recuperación es imposible, y no cede por mucho daño que le hagan los anzuelos en su boca…

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               Los diabares y carpas rojas, además del goce con su pesca, aportan un buen bocado al menú.

¿Y qué les podemos decir de las barracudas que no sepan ya? Son tan voraces que se comen entre ellas cuando están en frenesí, tras un señuelo, dando dentelladas a todo lo que se mueve, a ciegas. Es normal sacar un ejemplar de tres o cinco kilos y ver que le falta un trozo de mandíbula, agalla u opérculo. Y no piensen que se lo ha hecho defendiéndose, rozando con las rocas… Se lo han hecho sus propias compañeras tratando de quitarle el trozo de señuelo que le salía por la boca. Es así, y además es un comportamiento congénito, pues lo he visto en Tailandia, en México, en los cayos de Florida, en Cuba, en Senegal, en Guinea, en Canarias…

Hay muchas más especies que son propensas a entrar a un señuelo en movimiento, y muchas de ellas son de la importante familia de los carángidos, casi siempre con tamaños medianos aceptables. Destacan por sus poderosos cuerpos, de carnes prietas y fibrosas, y a veces por sus extrañas formas, en ocasiones romboidales, pero casi siempre por su descaro, fuerza y vigorosidad en la lucha, con una resistencia admirable.

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                                     Otra interesante captura, el mero con una gran variedad de especímenes.

Todas las especies citadas pueden capturarse pescando a fondo, con pez vivo o muerto, y a spinning o mosca con toda clase de artificiales, sólo hay que estar preparados y saber actuar en caso de sorpresa pues normalmente estas especies comparten hábitat y es fácil clavarlas todas en poco tiempo, con los mismos cebos y señuelos y en el mismo sitio.

Lo mejor de la pesca en países exóticos es que puedes practicarla con toda clase de comodidades, sin grandes desplazamientos y rodeado de lujos, porque es un lujo situarse en sitios donde jamás hay competencia o bañistas; donde a tus espaldas puedes oír el aullar el sonido del viento entre las palmeras; donde la pesca toma otra dimensión porque es necesario perder picadas y peces para dar con el aparejo perfecto.

En las Maldivas hay muchos lujos, pero también mucha pesca y no tantos pescadores, y muchas horas para pescar: Podría decir que aquí sólo hay pesca, por eso me reafirmo al decir que es un verdadero paraíso para los pescadores.

Y solo hemos hablado de la pesca a spinning o curricán tras depredadores de gran prestigio por su raza, su fuerza y su estampa… Nos quedan los picudos y entre ellos el que manda es el sailfish o pez vela, que se encuentra por todas partes. Su presencia es tan alta que a veces se llega a planificar su pesca a mosca e incluso a jigging, pero eso es otra pesca.